Señor, aquí estoy, un padre a la distancia,
con el alma despierta y llena de esperanza.
Mi hijo crece y lucha con su propio andar,
y yo oro en silencio por poderlo acompañar.
No estuve siempre cerca en cada situación,
pero mi amor por él nunca perdió dirección.
Sé que su niñez guardó momentos difíciles,
que escaparon de mi vista, pero no de mi espíritu sensible.
No quiero invadir su mundo, ni controlarle el paso,
solo deseo ser su guía, su abrazo, su lazo.
Dame, Señor, sabiduría en cada palabra,
y que mis gestos le muestren que su vida me es sagrada.
No quiero forzar puertas, solo tender puentes,
estar en su vida como padre y como referente.
Con inteligencia emocional, con escucha sincera,
poder ser luz para su alma cuando todo duela.
Tú conoces su historia, cada herida callada,
y sabes cuánto anhelo que se sienta valorada.
Su alma es tesoro, su mente en formación,
hazme un padre prudente, sin juicio, sin presión.
Enséñame a hablarle con amor y respeto,
a mostrarle que aún lejos, estoy siempre dispuesto.
Que sienta mi apoyo, mi fe, mi pasión,
aunque la distancia separe nuestra ubicación.
Si un día decide abrirme su corazón,
que me encuentre listo, sin temor ni condición.
Que sepa que su padre ora por él cada día,
que su lucha es mi lucha, y su paz, mi alegría.
Haz de mí un modelo firme y honesto,
de valores reales, no solo de gestos.
Que mi ejemplo, más que mis consejos, le inspire
a crecer, a soñar, a volar sin que nada lo tire.
Hoy oro por él, y te lo entrego con fe,
porque tú eres el Padre que todo lo ve.
Hazme un padre presente, aún desde la lejanía,
que ama sin límites, con verdad y empatía.
0 comentarios:
Publicar un comentario