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(Poema sobre la independencia)
Los padres que aman no atan cadenas,
no hacen del amor una dulce condena.
No dicen “te amo” y luego retienen,
porque el amor real... deja que vuelen.
Es triste cuando se cortan las alas,
cuando con ternura se lanzan balas.
“Sin ti no puedo vivir” se oye decir,
sin ver que eso es miedo, no es permitir.
“Todo te dimos, ahora nos debes”,
frases que pesan más que las nieves.
Un hijo no es paga ni promesa heredada,
es un alma libre, no una carga obligada.
“Vivirás aquí, en el mismo edificio”,
como si su vida fuera un sacrificio.
“Eres mi bebé”, aunque ya es un hombre,
y no le permiten escribir su propio nombre.
Amar es soltar, confiar, bendecir,
verlo partir… y aún así sonreír.
Es saber que tomará decisiones,
y que también caerá entre elecciones.
Pero eso lo hará más sabio y valiente,
más hombre, más libre, más consciente.
No le robes su historia, su vuelo, su aliento,
por tu miedo, tu apego o tu sufrimiento.
Enséñale a pensar, a elegir su camino,
a tomar su cruz y seguir su destino.
Los hijos no son posesión ni reflejo,
son un regalo, no un espejo.
Padre, madre, no quieras retener,
siembra amor, y déjalos crecer.
Su libre albedrío es un don divino,
no una amenaza para tu destino.
Y si un día vuelven, no será por deber,
sino porque amaron… y supieron volver.
Por: Gerson Vega

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