Regresando con el corazón triste,
Me consuelo escribiendo.
Tengo una horrible sensación en el pecho.
Un nudo en la garganta. Escribir es una buena catarsis.
Como ser caballero y describir a esta mujer,
que se cre la imposible y me cierras la puerta sin haber tocado.
Ya no puedo más, ya no se cuantas veces me hice esta pregunta:
¿hasta cuando sufrirá mi corazón?
Esta señorita se acontumbró a herir a las personas, y crees que puede hacerlo conmigo también.
Regreso, otra vez queriendo imaginar que le agradaba mi compañia.
pero no era así.
pero me hiere, me hace daño, regreso en el suelo. Parece que Dios no escucha mi oración,
¿Hasta cuando?
Si Dios dijo que no es bueno que el hombre esté solo. Dios, ¿por qué me haces conocer a alguien que admiro tanto, me gusta, le demuestro tanto afecto y me trata así?.
Dios lo permite para que aprenda, para hacerme más fuerte, y también me da la seguridad que esa persona no estaba en los planes que Él tenía para mi.
Debo aprender a concoer mejor a las personas en la amistad.
No ser correspondido, duele.
No me da ganas de verla, me amarga el alma y destruye todas mis ganas de volver a confiar y amar.
Pero por una mujer asi, que no aprendió a amar, no vale la pena sufrir. Tampoco cerraré mi corazón.
Lo más probable y sin necesidad de suponer, es que ella tiene heridas del pasado que no aprendió a superar.
Se nota en su mirada una depresión encubierta que trata de ocultar con una amplia sonrisa.
Es tan evidente que la sobreprotección le ha traido tanta inseguridad emocional y apegos que no le permiten salir de casa o soñar con un futuro en otro país, lejos de su familia.
No hay razon para seguir siendo amigo de ella.
Aunque todos crean y la recomienden como una mujer ideal,
A ella le deseo lo mejor, y no le deseo ningun mal.
Dios me quiere salvo, y quiere que cumpla la misión
y a lado de ella no podrá haber tal realización.

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